jueves, 7 de marzo de 2013

Solo Corres


De esas veces en que solo quieres salir corriendo, sin mirar atrás.  Sentir como el viento juega con tu cabello y el frio que recorre tu rostro son las únicas sensaciones que quisieras tener, pero te das cuenta que el dolor en tu pecho con cada paso es más fuerte, sin saber si es causa de la agitación o de lo que estalló al ver tus lagrimas correr.


Aguas profundas y blancas se ponen frente a ti, solo metros de distancia los separan, metros que de caída serían pocos segundos de plena excitación, pero que en tu mente algo sucio traman, el miedo llega por los pies y se cuela a tus ojos que sin pensarlo anhelan dar el salto final.

Te atreves a saltar, el frío ahora es mayor que lo que sientes en el pecho, el ardor en tu garganta cerrada crece con cada grito de aire mudo que sacas, tu cabello, cortina que te ciega baila frente a tus ojos, cristalina el agua que te rodea.

Movimientos en tus piernas que se sientes partes ajenas a tu cuerpo, no recuerdas nada, no te duele nada, no sientes nada, solo el vacío sincero de lo que no puedes entender, de ese estado nulo entre tu cabeza y el cuerpo, de las ganas de moverte y de saber que sin sentirlo lo estas haciendo… vuelas.

Como si andaras descalzo entre las calles, la arena y el frio pasto se meten entre tus dedos, molesta, duele, lastima en cada paso, pero es menos de lo que frío deja a su paso.


Puedes ver un reflejo en el cielo, tus ojos reflejados en un inmensidad desconocida que te aterra por completo, que te llama a seguir viviendo, que te deja cansado todas las noche para conciliar el sueño y no dejarte jamás, la adrenalina de querer seguir riendo, risas de falsas palabras, ligeras y engañosas que sin pensarlo se hacen parte de las horas de cada uno de tus días, acompañadas de las miradas honestas que tus mismos ojos no quieren aceptar, sonido hueco que dejan las mentiras, pero heridas abiertas de las miradas correctas que gritan verdades que parecen sínicas, pero al final sabes q tus ventanas dicen lo mismo que tus amapolas, cambian las ideas y los hechos, sin saber las consecuencias comienzas a correr de nuevo.




miércoles, 20 de junio de 2012

En Un Respiro Hondo


Recuerdo el primer día que oí de tu boca un par de palabras que cambiaron mi vida, recuerdo la presión y el miedo que supiste leer en mis ojos, sé también que no reaccioné de la mejor manera, tan solo sentí una fuerte presión y vacío en el pecho, mis ojos, no recuerdo en que momento empezaron a llorar; Felicidad, angustia, ¡lo que haya sido! tan solo quería que se calmara.

Pensaba en mil cosas al mismo tiempo que no pude hacer, decir o expresar de ninguna forma alguna de ellas, todo era extraño,  a cada segundo que pasaba la presión en mi pecho se hacía más fuerte, me descontrolaba, me hacía querer llorar más de lo que ya lo hacía (aun no sé si eso podía ser posible), me hacía querer gritar y salir corriendo sin dirección.

En algún momento de mi vida tuve el corazón roto y las manos llenas de sangre, mucho tiempo esa imagen fue mi manera de vida; pero con el tiempo y tus esfuerzos me hicieron ver que había más al frente y todo se vio reflejado en ese preciso momento, cuando me miraste a los ojos y sin pensarlo me levantaste en tus brazos, podías leer perfectamente mi cuerpo, sabías lo que estaba pasando.

Me metiste en la tina dejando entrar  agua tibia, no nos molestamos en considerar la ropa que se pegaba a mi , el vapor y el agua relajaron mi cuerpo, me miraste de nuevo, quise decirte algo, pero ni una palabra salió de mis labios, me sonreíste.

Sin quitarte una prenda decidiste hacerme compañía, nos recostamos un poco , sentí tus brazos a mi alrededor, giraste para mirarme fijo, respiraste hondo y yo hice lo mismo, (es tan increíble como nuestros cuerpos reaccionan en conjunto), me tomaste fuerte y hundiste nuestros cuerpos en el agua. Rozaste mi nariz con la tuya, podía ver claramente tu rostro a través de mis cabellos, tus ojos nunca me parecieron tan hermosos como en ese momento.

Sé que fueron tan solo algunos segundos, pero para mí fue mas que eso, era un pequeño tiempo fuera de este mundo donde solo tú y yo podíamos respirar, donde solo tú y yo nos podíamos mirar, sentir y tocar.

Al abrir tu boca burbujas y aire nos regresaron a la realidad; no se por qué pero tus ojos seguían siendo hermosos, con tus dedos quitaste el cabello de mi rostro y de nuevo tus labios se encontraban con los míos.

El agua se agitaba con el movimiento de nuestros cuerpos quitándose la ropa, de nuevo me volvía a sentir en nuestro pequeño mundo, pero ahora más que nunca pude sentir un nosotros en una sola persona.

No parabas de decirme las mismas palabras una y otra vez, pero algo había cambiado, la presión en mi cuerpo seguía ahí, pero ahora me aferraba a ella más que nunca.

En un respiro hondo descubrí que yo también te amaba. 

martes, 19 de junio de 2012

Tú y yo no siempre fue nosotros


Por mas que quisiera resumir nuestra historia en menos de dos paginas no podría, no hay palabras suficientes para describir el mar de emociones en el que me he sumergido por tu culpa.

Cualquiera que se preguntara por nosotros se llevaría una gran sorpresa al saber que por solo unos momentos, dentro de estos años, solo ha habido pocos segundos de un “nosotros”.

Deseo, pasión y curiosidad fueron las cosas que hicieron que esto, lo que pasa entre tú y yo, fuera posible.

Sin saber que esperar, como reaccionar o que decir fui a ciegas adentrándome en este juego en el que se supone solo seríamos tu y yo, pero resulta que las cosas cambiaron de a poco, personas empezaron a formar parte del juego en el que sin querer movieron sentimientos y situaciones que al menos para mi fueron importantes.

Muchos dirían que entre nosotros no hubo errores, pero yo sé que si, errores, malentendidos, peleas mudas y miradas de perdón.

No sé en que momento empecé a desear algo más de nosotros, y no sé en que estúpido momento empecé a creer que podría suceder, pero creo que fue una tontería, por que… cómo alguien como tú, con la vida que llevas, con tu forma de ser y de pensar, podría querer algo en serio con una chica como yo, que no sabe lo que quiere y menos como llegar a saberlo, que solo te causa enojos, que sueles negar y no calificar como tal, pero entonces por qué ignoras lo que realmente sucede la mayoría de las veces.

En algún momento entre ambos sé que hubo cariño, me da miedo acercarme a la palabra amor , pero creo que algo tuvo que ver en todo esto. Si me preguntaras cuantas veces hemos hecho el amor, me desilusionaría la respuesta dado que han sido muy escasas a comparación de las veces que hemos estado juntos bajo las mismas sábanas y las mimas circunstancias.

Solo una vez recuerdo que me mirabas, que realmente sentía el amor, en donde por un momento solo importaba lo que sentíamos por nosotros, en el calor que despedían nuestros cuerpos y las caricias que nuestras manos regaban de manera regalada en la piel del otro, en como tus manos normalmente frías se calentaban al tocar mi cuerpo, que ardiendo por tu causa se encontraba temblando de placer.

Soy una cobarde, he esquivado mis decisiones respecto a ti en miles de ocasiones, y seguramente en muchas de ellas deje ir lo que siempre he querido, estar contigo. Pero sobre todo en una en la que pude tenerte y darte lo mejor de mi, pero no pude, el miedo a la decepción me cegó, miedo a sentirme menos y no ser suficiente para ti sin darme cuenta de que me gritabas que si lo era, al menos en ese momento, que de seguro no volverá jamás.

Volviendo a mi realidad egoísta pero sobre todo cobarde al extremo, creo que nunca te he dicho a los ojos lo que siento por ti y de verdad desearía poder hacerlo, pero que tal si eso te aleja de mi en un momento de pánico o de querer protegerme de ti, puesto que sabes que no va a ser un sentimiento mutuo. 
No deberías de preocuparte, ya se la respuesta, es mas que obvia, tu solo me deseas mientras que yo te amo. No es algo raro, tu supiste jugar bien el juego, yo solo me perdí en tus ojos y creo que no pude llegar a tu corazón.

Amas algo de mi, eso es seguro, amas lo dispuesta que estoy a darte todo sin pedir nada a cambio, amas mi cuerpo y lo que provoca en ti, pasión y deseo, lujuria; sexo.

Como quisiera tener el valor de decir te que te amo, pero no puedo, el saber que podría ser el fin de lo escaso que queda de los dos es peor que quedarme con las palabras forjadas en el pecho.

Siempre a las expectativas de tus sobras estoy dispuestas a tomarlas, si eso es lo que me quieres dar… adelante, te amo y no pienso pedirte más, no sé si lo merezca ante tus ojos o siquiera si estás dispuesto a dármelo.

Luego de  darme cuenta de que nosotros nunca va a ser una palabra que entre en nuestro vocabulario, caigo en cuenta de que las cosas que planee para ambos son meramente fantasías.

Corrí, armada de coraje, de dolor y de tristeza a decirte las cosas que tenía guardadas dentro de mi mente y de mi corazón desquebrajado.

Pero al verte a los ojos y tocarte como siempre, mis barreras e ideales se desvanecieron con un simple parpadeo y un respiro tuyo.

No me importo que el alcohol  nublara mis deseos, la verdad es que solo fue un pretexto para darme valor ante tus ojos, y que si en dado caso saliera algo mal, tuviera un pretexto para retraerme de lo que estaba pensando.

Conseguí que me alcanzaras en tu cama, comenzamos a besarnos, la lujuria era mayor que el alcohol en tu cuerpo, pero no me importó, yo quería sentirme tuya una vez más, con la esperanza de que no fuera la última.

Tus manos tocaban mi cuerpo con maestría, conoces a la perfección los rincones de mi cuerpo, sabes como y donde tocar para obtenerlo que quieres, que mi mente se aleje de los hechos  y que termine sucumbiendo ante el placer que me causas con solo mirarme como lo haces.

Tus labios se paseaban en mis curvas, en mi piel, tu aliento calentaba dulces espacios entre mis piernas, tus manos tomaban y clamaban lo que es suyo desde hace mucho tiempo, pero yo sentía que era como nuestra primera vez, como aquella única vez en la que puedo decir con el corazón en la mano que fui tuya, que me hiciste el amor, como nunca antes y como nunca jamás.

Rojo Francés


Algunas veces pienso en todo lo que hemos hecho, en lo que me has convertido y en lo mucho que te extraño.

Nunca te has preocupado por decepcionarme, ¿Es esa a acaso la clave que tienes para siempre saber como impresionarme?

O simplemente es que tu mente va en sentido contrario, algunas veces ya no sé si lo que vivimos es un sueño o nuestra intima realidad.

Los interminables imágenes de nuestro pasado regresan a cada segundo acompañadas de las risas y de las caricias que me dedicas, de tu mirada llena de pasión y de adrenalina. Nunca olvidaré como se sienten tus manos paseando por mi piel, despertando mis pasiones y mis deseos.

La primera vez que nos vimos fue instantáneo, una simple mirada y ya era demasiado tarde, no pudimos separarnos, la complicidad ya era parte de nosotros.

Las miradas divertidas nos causaban una risa sin sonido, una risa interna que no encontraría su fin desde ese momento, quien diría que nuestros caminos estarían más juntos que muchos otros.

Esa noche la marea del mar estaba menos inquieta que tú o que yo, que sin conocernos nos reíamos como si fuera ya costumbre entre nosotros, nuestras manos se sujetaban como por instinto propio, no parecíamos unos desconocidos, tal vez en otra vida ya habíamos sido un nosotros.

Las olas del mar hacían eco a tu voz, las primeras palabras que oí de tus labios fueron el golpe final de mi perdición, mis amapolas no paraban de sonreír y de reír, era tarde pero a pesar de eso no importaba la hora, éramos demasiado jóvenes, aunque también eso lo dejamos de lado.

Pusimos nuestras almas, corazones y sentimientos abiertos en plenitud en esos momentos, donde la brisa de la noche revolvía mis cabellos y hacía que los tuyos ocultaran tus ojos, motivo más para hacer salir esa sonrisa tuya que tanto me vuelve loca.

Luego de varios relatos e historias, tomaste mis manos entre las tuyas, ya sabía lo que pasaría y di un paso adelante para llegar más rápido, solo fue un momento de duda que se perdió cuando me miré en tus ojos, las puntas de mis pies se hundieron en la arena húmeda, pero no fue impedimento para alcanzarte los labios, dichosas amapolas que sentían tu calido aliento.

Mis manos se perdían en tus cabellos, pesados y salados como el mar que nos cataba serenata, el rojo de mis labios se apoderaba de los tuyos, no cabía duda de que  rojo sería el color favorito de nosotros.